Los extremos de excesos y depuración

El camino del medio

Es muy recurrente que después de vivir ciertos excesos, ya sean alimentarios, de trabajo, de descanso, nos polaricemos al lado opuesto, con la intención de equilibrarnos, pero eso significa irnos al otro extremo y eso queda lejos del equilibrio. A principios de año, los “excesos” navideños, que acompañan a los buenos propósitos, nos impulsan a tomar decisiones como hacer “DETOX”, a “limpiarnos”, “depurarnos”, “desintoxicarnos” y creemos que necesitamos zumos, ayunos prolongados, entre otros remedios para acelerar y acompañar a este proceso. ¿Es necesario? ¿este tipo de actitudes contradicen el equilibrio de salud?

Sin duda, podemos tolerar déficits calóricos y restricción de alimentos durante un buen período de tiempo, pero este tipo de actitudes llevan a bucles infinitos de exceso-restricción, acompañados de culpa, remordimiento, severidad, obligación, prohibición, pesocentrismo, control, que se aleja de un autocuidado y que dejan de ser necesarios si enfocamos nuestras energías en construir hábitos saludables cotidianos y nos permitimos conectar con el placer de nuestras comidas sin colocar la etiqueta del merecimiento o ultimátum. De la misma manera, en la restricción existen requerimientos esenciales (esto es, aquellos que podemos obtener únicamente a través de alimentos) que no son cubiertos, y procesos que necesitamos para que nuestro cuerpo funcione de forma óptima se quedan cojos y por lo tanto el sistema puede fallar. 

¿Es necesario «detoxificarnos»?

En cuanto a la necesidad de “detoxificarnos” tengo buenas noticias: nuestro hígado, con horario de 24 horas non-stop, ya incluye procesos propios de limpieza.

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