Te cuento…

En mi historia, una de las cosas que ha estado más presente y que ha sido una gran maestra de vida es la sensación de vacío, conectada a la necesidad de encajar y con ello un gran rechazo por el cuerpo y la manipulación de él con la alimentación.

En mi adolescencia sentí una gran desilusión, profunda y latente, siempre presente, sin motivación, pasaban los días sin pena ni gloria, me sentía distante, alejada del mundo que me rodeaba. Y eso, sumado a la presión exterior, las comparaciones y a querer estar mejor, encontré en la alimentación y mi cuerpo un reto para mostrarme bien, cuando a nivel personal había mucho odio y una sensación interna de desconexión vital.

 

Con mucha inquietud y ansiedad calculaba todo lo que comía, me limitaba, me prohibía un sin fin de comidas, que muchas veces me llevaba a esconderme para comer y evitar el juicio y la mirada de otros. Tiraba comida, mentía, y mientras tanto el rechazo y la incomodidad aumentaban. En muchos casos, la angustia me impedía comer y hasta lo celebraba, mientras que había momentos que no podía evitar comer sin apenas disfrutar, incluso alimentos saludables. 

Sabía que algo no iba bien, y aún así transité durante más de 5 años en soledad esta sensación, afectando a mis relaciones, donde me desvalorizaba,  me sentía pequeña, inquieta, escondida, me sentía de otro mundo y a la vez quería pertenecer a él, y ante mis ojos el físico era un punto de entrada que te aseguraba su total aceptación.

Me sentía incomprendida y perdida, a la par que víctima. Inicié mi diplomatura en dietética y nutrición, donde empecé a descubrir un cuerpo sabio, su bioquímica, su naturaleza me apasionaron. Aún así mucho de los conocimientos los utilizaba para controlar y conseguir objetivos que lejos de cuidarme me estaban minando. Llevaba arrastrando problemas digestivos y hormonales desde hacía mucho, y en un intento de querer entenderlos y poder mitigarlos empecé a andar mis primeros pasos hacía el autocuidado.

 

Un máster en metabolismo y varios cursos de fitoterapia y alimentación deportiva después, en mi camino se cruzó un máster de desarrollo personal  que fue un antes y un después. Encontré una dimensión personal inmensa, volviéndome a recordar y reencontrar, descubriendo una habitación desastre, oscura y donde había mucho polvo y un sin fin de posibilidades y potencial que jamás hubiera imaginado.

Ahí fue el inicio de un romance conmigo misma. No fue hasta un retiro de trabajo meditativo y emocional, donde me vi tranquila, serena, en calma, a gusto en contacto con mi cuerpo, sin problemas digestivos, sin medir nada, gozando, disfrutando y compartiendo. Comprendí que el conocimiento y la indagación interna, así como la gestión emocional estaban completamente vinculadas y vivas, la mayor parte de pensamientos que generaba me causaban sufrimiento, un muro de separación con el mundo y una pérdida de vitalidad.

Me comprometí conmigo, y me dispuse a indagar a través de diferentes técnicas como el coaching nutricional, la inteligencia emocional, la metaprogramación y la auriculoterapia, mis tensiones, limitaciones, miedos, bloqueos y síntomas digestivos… y descubrí otra oportunidad para vivir una vida que estaba esperándome con los brazos abiertos. Mis digestiones mejoraronrecuperé sin medicación mi menstruación, mi cuerpo no estaba separado de mí como víctima de mi odio, era una parte de mí al que agradecía y cuidaba todos los días, sin sacrificio, sin prohibición, sin esfuerzo. Mi relación conmigo había mejorado y así la relación con mi cuerpo y mi alimentación.

 

Tras estar más de 6 años acompañando a personas en la gestión del cambio únicamente alimentario, me decidí a incorporar lo que tanto me ayudó a mí: una transformación personal profunda a través del espejo que es la alimentación y nuestro cuerpo, con herramientas de desarrollo personal. ¿Para qué? Para acompañar a mujeres que como yo, están pasando por esta tormenta personal y anhelan reencontrarse consigo mismas.

 

¿Te animas a caminar conmigo?

Te cuento…

En mi historia, una de las cosas que ha estado más presente y que ha sido una gran maestra de vida es la sensación de vacío, conectada a la necesidad de encajar y con ello un gran rechazo por el cuerpo y la manipulación de él con la alimentación.

En mi adolescencia sentí una gran desilusión, profunda y latente, siempre presente, sin motivación, pasaban los días sin pena ni gloria, me sentía distante, alejada del mundo que me rodeaba. Y eso, sumado a la presión exterior, las comparaciones y a querer estar mejor, encontré en la alimentación y mi cuerpo un reto para mostrarme bien, cuando a nivel personal había mucho odio y una sensación interna de desconexión vital.

Con mucha inquietud y ansiedad calculaba todo lo que comía, me limitaba, me prohibía un sin fin de comidas, que muchas veces me llevaba a esconderme para comer y evitar el juicio y la mirada de otros. Tiraba comida, mentía, y mientras tanto el rechazo y la incomodidad aumentaban. En muchos casos, la angustia me impedía comer y hasta lo celebraba, mientras que había momentos que no podía evitar comer sin apenas disfrutar, incluso alimentos saludables. 

Sabía que algo no iba bien, y aún así transité durante más de 5 años en soledad esta sensación, afectando a mis relaciones, donde me desvalorizaba,  me sentía pequeña, inquieta, escondida, me sentía de otro mundo y a la vez quería pertenecer a él, y ante mis ojos el físico era un punto de entrada que te aseguraba su total aceptación.

Me sentía incomprendida y perdida, a la par que víctima. Inicié mi diplomatura en dietética y nutrición, donde empecé a descubrir un cuerpo sabio, su bioquímica, su naturaleza me apasionaron. Aún así mucho de los conocimientos los utilizaba para controlar y conseguir objetivos que lejos de cuidarme me estaban minando. Llevaba arrastrando problemas digestivos y hormonales desde hacía mucho, y en un intento de querer entenderlos y poder mitigarlos empecé a andar mis primeros pasos hacía el autocuidado.

Un máster en metabolismo y varios cursos de fitoterapia y alimentación deportiva después, en mi camino se cruzó un máster de desarrollo personal  que fue un antes y un después. Encontré una dimensión personal inmensa, volviéndome a recordar y reencontrar, descubriendo una habitación desastre, oscura y donde había mucho polvo y un sin fin de posibilidades y potencial que jamás hubiera imaginado.

Ahí fue el inicio de un romance conmigo misma. No fue hasta un retiro de trabajo meditativo y emocional, donde me vi tranquila, serena, en calma, a gusto en contacto con mi cuerpo, sin problemas digestivos, sin medir nada, gozando, disfrutando y compartiendo. Comprendí que el conocimiento y la indagación interna, así como la gestión emocional estaban completamente vinculadas y vivas, la mayor parte de pensamientos que generaba me causaban sufrimiento, un muro de separación con el mundo y una pérdida de vitalidad.

Me comprometí conmigo, y me dispuse a indagar a través de diferentes técnicas como el coaching nutricional, la inteligencia emocional, la metaprogramación y la auriculoterapia, mis tensiones, limitaciones, miedos, bloqueos y síntomas digestivos… y descubrí otra oportunidad para vivir una vida que estaba esperándome con los brazos abiertos. Mis digestiones mejoraronrecuperé sin medicación mi menstruación, mi cuerpo no estaba separado de mí como víctima de mi odio, era una parte de mí al que agradecía y cuidaba todos los días, sin sacrificio, sin prohibición, sin esfuerzo. Mi relación conmigo había mejorado y así la relación con mi cuerpo y mi alimentación.

Tras estar más de 6 años acompañando a personas en la gestión del cambio únicamente alimentario, me decidí a incorporar lo que tanto me ayudó a mí: una transformación personal profunda a través del espejo que es la alimentación y nuestro cuerpo, con herramientas de desarrollo personal. ¿Para qué? Para acompañar a mujeres que como yo, están pasando por esta tormenta personal y anhelan reencontrarse consigo mismas.

¿Te animas a caminar conmigo?